Que fácil es perderse en las horas,... verlas correr en silencio, dejarlas morir y nacer en apenas un segundo,... y en medio de las horas ver consumirse la vida y terminarse los sueños incluso antes de que sean soñados,...
HORAS BAJAS
Las horas tienden a ser tristemente más largas,
el reloj se detiene, los minutos se estancan,
no existe un concepto tan vago y fútil como el tiempo,
tan falto de razón, tan exento de causa,
tan libre de ser y dejar de ser, tan cruel y tan lento.
En las horas de gozo el tiempo vuela y nos rebasa
nunca es suficiente para llenar nuestras ansias,…
siempre se queda corto y la gloria se nos escapa,
y bebemos de esa copa y sin paladear se nos va el momento
la magia se termina, el hechizo queda en intento.
Y en las horas amargas lo días se vuelven meses,…
los meses se viven en años, el tiempo caprichoso
estira los minutos, alarga fríamente las jornadas,
nos recuerda firmemente que el dolor se arraiga
y que la vida se detiene durante esas horas bajas.
Y mis horas nunca avanzan, solo se desvanecen
porque perseguí con tanto empeño lo prohibido,
aquello que no tenía destinado, que no me pertenece
y soñé ese sueño del que cree en lo imposible,
me vi en horas tan altas alcanzando el paraíso.
Y fue así como recaí en mis horas más bajas,
porque pude tocar un fragmento del cielo,
por un breve respiro la tuve y enseguida la he perdido,…
pero la aguda voz de la razón vuelve a ser mi verdugo:
“No se puede perder lo que nunca se ha tenido”.
13 de julio de 2011
