Un día de noviembre.
En mis días de otoño y con el invierno en puerta
yo soñaba con vivir un sueño en mi ocaso
y vivía entre ilusiones, angustias y dilemas
ante el peso de quererte y la agonía de mi silencio.
Hablarte de mi pasión me resultaba impensable,
pues el riesgo era enorme aunque el premio lo valía,
perderte como amiga o ganarte como amante,
pero nunca mis delirios pudieron ser más ingenuos,
jugaban con mi vida, me roían por dentro,…
ya que revelarte mi sentir tan sólo arruinaría
lo que llevó años edificar con tanto esfuerzo,…
Y yo era tan feliz con tus gestos, tus palabras y atenciones,
bastaba una mirada sutil, una tímida sonrisa
para darle rienda suelta a mi fuego y mis pasiones,…
siempre estabas conmigo, yo no te permitía irte,
y entonces hice a un lado toda mi cobardía,
me jugué todas mis cartas, me jugué a un as mi vida,
“si la pierdo jamás la tuve, ¡¡¡si la gano será mía!!!”
Y aunque no fue fácil y el inicio fue tan titubeante,
me fui adentrando en tu alma, conseguí tocar tu fibra,
y un buen día de noviembre lo que yo tanto soñaba
cristalizó en un momento de entrega y llamarada,…
Y mis manos recorrieron el mapa de tu cuerpo
y confirmaron con su tacto cada línea y cada espacio
del entorno de tu piel que yo de memoria conocía,
es noviembre para siempre, ya no habrá más meses,
en esta época maravillosa de un año inolvidable
hicimos la memoria que yo tanto perseguía,…
Y aunque al fin pude ser parte de ti y probar tu cielo
mis deseos se acrecientan, mis pasiones toman vuelo
y cuento los minutos y las horas esperando el momento
de tenerte nuevamente cautiva de mi fuego
y llenarte por entero, hacerte llegar muy lejos,
alcanzando juntos esa gloria que surgió de nuestro encuentro.
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21 de noviembre de 2011
