Encuentros,…
No hace mucho escribía al dolor y a la pena,
mis letras tenían un dejo de profunda tristeza,
lloraba por la imposibilidad de lo deseado
y el sueño de aquello que tanto he anhelado.
Vivía en la pena, me deslizaba en el llanto,
me dolía acabarme la vida queriéndola tanto,
sabiéndola ajena, sabiéndome preso
del maravilloso tormento de amarla en secreto.
Recuerdo las horas amargas de melancolía perpetua,
el tiempo detenido, la espera fugaz y eterna
mientras mis desvaríos dibujaban su figura perfecta
y mis temores me impedían ir a tocar a su puerta.
Y fui cautivo de esta magia, me perdí en su mirada
en la que veía el paraíso y la gloria imaginaba,
pero éramos víctimas del juego equivocado,...
su vida y la mía a tiempo no se habían cruzado.
Pero hoy,… se asoma una estrella, se ve un sendero
que nos encamina hacia tan esperado encuentro,
coincidimos en un mismo espacio, un mismo tiempo,
somos conscientes de la existencia del otro
y sabemos cuánto deseamos vivir el momento
en que nuestro encuentro se llegue y ambos seamos
lo que vivo en mis sueños, lo que tanto he esperado.
LEA
27 de septiembre de
2011




