Cuando vives una realidad de ensueño en un sueño posible, en distintos momentos confundes realidades y sueños,... fantasías y verdades,... y temes despertar cuando en realidad ya estás despierto,...
DESPERTARES
Desperté y ahí estabas, amaneciste en mi vida,
después de sueños y pesadillas, de noches y días
cargados de pena, ausencia y amarga tristeza
por vivir esperando que real por fin te volvieras
abrí con ansia mis ojos y tú seguías ahí,… dormida.
Desperté y ya no eras un sueño, eras materia,
podía acariciar cada parte de ti y no desaparecías,
permanecías tranquila arropada en mis brazos,
dándome tu calor y respirando despacio,…
volviendo realidad cuanto yo había soñado.
Desperté y tus latidos percibí claramente,
anunciando un corazón firme y ardiente,
y yo deseaba abrirme paso hasta su mismo centro
para confirmar que en él sólo yo permanezco,
para saber que hoy vivo lo que ayer tanto soñé.
Desperté y dejaste escapar un ahogado suspiro
producto del intenso momento que habíamos vivido,
y aun ante tal evidencia sentí que realmente alucinaba,
que de un momento a otro sin aviso despertaría
y una vez más a la amarga realidad me entregaría.
Desperté y,… entonces, de manera repentina
abriste tus ojos, me miraste y pude verme en ellos,…
acariciaste mi cara, me besaste y sonreíste enamorada
suspiraste de nuevo y dijiste en apenas un murmullo:
“¿Eres real,… estás aquí,…? Que bendición, pensé que soñaba,…”
29 de mayo de 2012
LEA